Reseña del libro: «Las mamás no tienen que ser perfectas» de Jill Savage

Muchas veces, el ser una persona perfeccionista nos puede llevar hacia un camino errado donde el desánimo, la frustración o la inconformidad nos invaden.  Este libro nos ayuda a comprender que nuestra búsqueda por ser la esposa, ama de casa, mujer y mamá perfecta, nos lleva de entrada al fracaso ya que nada de lo que nosotros imaginamos que debe ser perfecto en la vida real es perfecto.

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“Las mamás no tienen que ser perfectas”, un libro escrito por Jill Savage, de Editorial Portavoz. Es de fácil lectura y te puedes llegar a sentir muy identificada con el contenido, así que sus 205 páginas las puedes leer muy rápido.

Jill Savage divide su libro en 10 capítulos:

Capítulo 1 – La infección de la perfección

En este capítulo la autora menciona esta frase que me encantó:

“Nunca compares tu REALIDAD con la APARIENCIA de otra persona”

 En la actualidad y con la tecnología que hoy existe todas tenemos ventanitas para asomarnos y ver lo que sucede en otras casas, qué hacen, cómo lo hacen, como viven etc. Ya sea por medio de videoblogs, blogs, cuentas de Instagram, Facebook etc, todos compartimos algo. Tener acceso a ello nos puede ser muy útil y de inspiración, pero igual es muy fácil caer en el error de creer que esas familias «sí tienen vidas perfectas, no como yo». Así que buscamos alcanzar ese nivel de perfección que creemos que otros tienen y jamás lo alcanzamos porque tampoco es la única y completa realidad de quienes lo viste, solamente es una porción agradable de toda su realidad.

Lo que las mamás blogers, videoblogers, etc. compartimos en las redes no es TODO lo que vivimos día a día, simplemente es la porción del día que más disfrutamos, lo que más nos gustó, lo que nos parece interesante, que es una buena idea y que puede interesar  o ser útil a los demás.

Jill Savage lo expresa así: “En la maternidad abundan los momentos mágicos. Sin embargo tú y yo sabemos que esos momentos no son lo único que sucede las 24 horas del día, 7 días a la semana, durante los 365 días del año. La vida está llena de desafíos, responsabilidades cotidianas y relaciones difíciles”.

Y es de esperar que esa parte difícil normalmente nadie la comparta porque no es interesante estar viendo o compartiendo las tristezas, lo feo, los fracasos, etc… Eso, como que no edifica a nadie.

Cuando las mujeres comienzan a sentirse frustradas, inferiores, incapaces, y muchas cosas más por estar comparándose con lo que creen que son las vidas de los demás,a eso Jill Savage le llama: INFECCIÓN: Porque la mujer ha caído en la infección de la perfección. En vez de aprovechar las ideas o disfrutar simplemente de las anécdotas, videos o imágenes que otras personas comparten, comienza a crear en ella una sensación de ansiedad,  frustración, insatisfacción y nunca va a estar contenta con lo que tiene.

Capítulo 2- El antídoto

La autora del libro dice: «Todas luchamos con asuntos que estorban en nuestro corazón y nos mantienen comparándonos con otras. Estos problemas también prolongan la infección de la perfección que contamina nuestro corazón y asola nuestra sociedad. Cuando estas actitudes se filtran en nuestro corazón, perdemos. Nos dejamos robar una gran experiencia, una nueva amistad, o una conversación más profunda»

Según Jill  esas actitudes que prolongan la fea infección del perfeccionismo son:

Orgullo: El orgullo nos roba el gozo porque nos lleva a pensar que merecemos siempre algo mejor, nos aleja del plan de Dios porque queremos las cosas a nuestra manera, nos priva de conocimiento porque creemos saberlo todo y nos impide experimentar paz y sanidad porque nos rehusamos a perdonar o admitir que nos equivocamos.

El antídoto es la humildad. Con el orgullo viene el oprobio, con la humildad la sabiduría (Pr.11:2)

«El orgullo cree «yo puedo hacerlo sola» la humildad dice «no puedo hacer esto sin ti Dios». Nuestro anhelo de manejar la vida «a la perfección» nos obliga a esforzarnos sin cesar. Tratamos de ser las mejores madres. Tratamos de poner buena cara para que otros crean que estamos mejor de lo que en realidad estamos.»

Miedo: El miedo nos aísla porque estamos convencidas de que nadie más se ha sentido como nosotras y que somos las únicas que pasamos por una crisis. Ese miedo, unido al orgullo y a la infección del perfeccionismo nos impide buscar ayuda, relajarnos y reconocer que no en todo nos a bien, ni todo nos tiene que salir bien. El antídoto es el valor. Valor para reconocer, aceptar, amarse o pedir ayuda.

Inseguridad: La inseguridad dice “no puedo”, la confianza dice “puedo porque Dios me mostrará como”

«La inseguridad nos fuerza a mirar siempre a otras mujeres y a anhelar lo que ellas son: más creativas, más delgadas, más inteligentes, más pacientes, etc. El antídoto es la confianza que dice: Me alegro por estas damas que comparten sus ideas. Me alegra que no estemos hechas del mismo molde. Esas son ideas grandiosas, pero muchas de ellas no son para mí.»

Crítica:«Juzgar es horrible. Exige. Critica. Divide. Destruye. Nos hace ciegas de nuestras propias faltas.»

El antídoto es la gracia, cuando merecemos castigo y en lugar de eso recibimos misericordia.

Estas cuatro actitudes empeoran la infección y la vuelven permanente, así que si queremos limpiarnos del perfeccionismo, debemos trabajar en sacar de nuestra vida esas cuatro actitudes tan dañinas.

Capítulo 3 – No existen hijos perfectos

Este capítulo me sacó más de una carcajada. ¿A cuántas de ustedes no les ha pasado que en algún momento cuando han querido hacer gala de alguna virtud de su hijo en ese momento nuestro hijo nos da la espalda y hacen lo que en su vida habían hecho y nos avergüenzan ante todos? A mí me ha pasado, pero ¡esa es la realidad! los hijos perfectos no existen y debemos de una buena vez aceptarlo.

Jill dice:

«Los hijos cometen errores. A veces toman pésimas decisiones.»

«Permitir a tus hijos fallar sin recibir como consecuencia tu enojo es un regalo para ellos. Lo más hermoso que puedes ofrecerles es tu propia imperfección como ser humano que hace su mejor esfuerzo por manejar las imperfecciones de ellos con amor y con gracia.»

«Los padres necesitamos establecer normas de logros y de comportamiento al igual que límites para ayudar a cada hijo a aspirar  dichas normas y metas. Sin embargo, las expectativas están fuera de lugar cuando, como padres, esperamos ser perfectos y esperamos de nuestros hijos perfección.»

«Esperamos madurez de nuestros hijos antes de que su desarrollo cerebral alcance la madurez. Tenemos que cerciorarnos de que nuestras expectativas son realistas conforme a sus etapas de desarollo en la vida»

«Sí debemos esperar responsabilidad. Sí debemos esperar obediencia. Sí necesitamos esperar habilidades sociales cuando les hemos enseñado y los hemos entrenado en dichas normas. Sin embargo, también debemos esperar que fallen, la perfección no existe.»

Me gustó mucho la invitación que Jill hace a ser «una mamá que dice SÍ»,  Ser una mamá que dice SÍ implica dejar de ser demasiado protectoras, inflexibles y egoístas.

En general este es un capítulo con mucho contenido útil que vale la pena leer.

Capítulo 4- No existen cuerpos perfectos: 

La mayoría de las mujeres nunca está conforme con el cuerpo que tienen, hasta las mujeres más bellas y con mejor físico siempre tienen algo de qué quejarse. Jill en esté capítulo nos invita a aprender a ser agradecidas con lo que Dios nos ha dado, a amar nuestros cuerpos y a aprender a cuidarlo. Ver las imágenes de los estándares de belleza de hoy en día nos puede hacer caer en la idea perfeccionista de querer ser como esa modelo, pero la realidad es que al 100% esa modelo no existe, porque en la mayoría de los casos su imagen ha sido modificada con Photoshop.

Capítulo 5- No existen matrimonios perfectos

Creo que en general, las mujeres tenemos inconscientemente la idea de » Y fueron felices para siempre» y cuando nos casamos creemos que nosotros jamás pasaremos por ningún conflicto y siempre estaremos felices, así que cuando pasamos por nuestros primeros problemas no lo podemos creer, sentimos que estamos reprobadas como esposas y nos frustramos y entristecemos grandemente ¡hemos fallado!. Jill te ayuda a aceptar la verdadera realidad y a verla con otros ojos.

Jill dice:

«Incluso los mejores matrimonios enfrentan desafíos cuando entran niños en la escena. Se cuestionan los valores, se hacen evidentes las diferencias, se duerme poco, los temperamentos explotan, chocan los estilos de crianza,  la vida es sencillamente un caos. Los matrimonios reales enfrentan desafíos reales.»

«No compares la realidad interior de tu matrimonio con la apariencia de matrimonios ajenos. Las apariencias no muestran la verdad. Las caras sonrientes es las tarjetas de Navidad no revelan el dolor que se sufre tras bambalinas. Aunque tus luchas son muy personales y pueden ser muy dolorosas, no son únicas.»

Es otro capítulo con mucho contenido útil que vale la pena analizar. Vienen muchos consejos y experiencias de vida, y al final Jill nos invita a hacerle guerra al orgullo, la principal causa de mucho de nuestros conflictos en el matrimonio.

Capítulo 6- No existen amigos perfectos

La autora, en este capítulo es muy clara en cuanto a lo importante que es que nosotras busquemos amigas, que salgamos de la zona de confort e invirtamos en las amistades. Sin embargo también deja muy claro que así como encontraremos amigos valiosos que tenemos que saber cultivar y cuidar y que a veces nos pueden fallar porque son imperfectos como todos, también encontraremos gente que nos haga daño, de quienes debemos alejarnos.

Capítulo 7- No existen días perfectos

Esto ya lo había entendido desde la perspectiva de la educación en el hogar, sabiendo que no debo tener metas demasiado idealizadas sobre lo que debe ser la educación de mi hijo y aprender a ser flexible por el bienestar de todos, pero ahora me quedó más que claro que todo la vida es así: IMPERFECTO y por lo tanto en TODO debemos dejar de idealizar las cosas y ser más realistas, flexibles y menos cuadradas.

Muchas veces idealizamos un día, un evento, una comida, etc… y cuando menos lo esperamos las cosas se nos salen de las manos, perdemos el control y las perfeccionistas queremos llorar. Esto a mí me ha pasado en varias ocasiones.

Jill dice:

«Tenemos que aprender a esperar lo inesperado, encontrar flexibilidad e incrementar la tolerancia. En lugar de sentirnos frustradas, dejemos de esperar una fantasía, y en lugar de eso aceptemos la realidad»

«Todo se resume en el afán de tener el control. No hay manera de controlar la vida real, y eso  no nos gusta a todos. «

«El control es un espejismo. El único control que podemos tener tú y yo realmente es  el autocontrol, y a Biblia dice que es un fruto del Espíritu.»

«Cuando esperamos lo inesperado, disponemos nuestro corazón para enfrentar todo lo que nos sobrevenga. Si nuestros corazones está suaves y flexibles, será más probable que reaccionemos con amor en lugar de frustración.

La cantidad de consejos que vienen en este capítulo son realmente útiles.

Capítulo 8- No existen casas perfectas

La idea de tener al 100% una casa de revista es una idea bastante irreal. En una casa donde se vive siempre habrá desorden. Este capítulo es muy entretenido y abarca muchos puntos del tema. Seamos realistas y buenas con nosotros mismas, no nos exijamos más de lo que podemos hacer en casa.

 

Capítulo 9- No existe administración del hogar perfecta

Este es un capítulo de consejos prácticos, donde nos recuerda que como amas de casa tampoco debemos buscar la perfección. Dejar de autocriticarnos por nuestra ineptitud y empezar a vernos nosotras mismas con ojos de gracia. Buscar siempre hacer lo mejor que podamos y estar en continuo aprendizaje, sin exigirnos de más ni juzganos por lo que no pudimos hacer a la perfección como amas de casa.

 

-Capítulo 10- Un Dios perfecto

Precioso capítulo en donde se exalta al único ser perfecto: DIOS. Dios ama perfectamente y nunca cambia. Todo lo que hace es perfecto y tiene planes perfectos para nuestra vida. Y lo mejor de todo es que nosotros podemos correr a Él y pedirle socorro en cada momento de necesidad, debilidad, angustia e imperfección.

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Creo que es bueno que nos recuerden todos estos puntos. Me ha sido de mucha bendición y ayuda leer este libro. En lo personal he vivido muchos momentos imperfectos, pero he decidido que quiero aprender a ser agradecida en todas las circunstancias y esforzarme en ser flexible para poder disfrutar de lo que realmente importa.

Los días perfectos no existen: Ese día fuimos, puras mujeres de la familia y mi hijo, a la playa con el plan de regresar temprano a casa, (yo tenía un compromiso). Pasamos un rato bellísimo y de regreso se ponchó una llanta, un hombre paró su camioneta y nos ayudó a poner la refacción. Continuamos el viaje de regreso a casa y llegando a la ciudad se ponchó otra llanta, y no teníamos repuesto. Estuvimos paradas en la carretera un buen rato hasta que vinieron a ayudarnos. Llegamos a casa ya muy noche, cansadas y hambrientas pero muy agradecidas.

Las foto bellas son las que normalmente todos compartimos en nuestras redes sociales, pero eso no significa que el 100% del día fuera perfecto y sin contratiempos.

Con Cariño: Jazmín.

 

2 thoughts on “Reseña del libro: «Las mamás no tienen que ser perfectas» de Jill Savage

  • 13 abril, 2016 at 4:58 am
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    Felicidades x tu reseña!!! Muy buen libro ojalá todas las mamas puedan leerlo… 🙂

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    • 30 mayo, 2016 at 2:24 pm
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      ¡Gracias amiga!

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